Ahora que vamos despacio, vamos a contar una aceituna tra la rá, la ceituna conspirativa. Cómo olvidar los tiempos, allá a finales de los 90, en los que cantidades ingentes de dirigentes del Pssoe denunciaban una conspiración republicano-masónica para derribarles del poder. La aceituna de la conspiración no falta en la ensalada favorita de cualquier gobierno. El PP la esgrimió el 11-M y sigue come que te come hoy en día. La aceituna de la conspiración está rellena de anchoa. Adictos a la anchoa no faltan: Barrionuevo, Vera, Corcuera, Roldán, Acebes, Rajoy… Díaz de Mera, y un largo etecé mire usté. Es el selecto club de la anchoa que cuenta con distinguidísmos aceituneros, altivos como los del poeta Hernández.
Sin embargo, la preocupación cunde en el club de la anchoa, habida cuenta de cómo está de escasa la especie en el cantábrico. Aún así, queda la anchoa del mediterráneo, donde en su Levante, Zaplana se ha convertido en un pescador sin igual, con su traje que desliza y sus manos curtidas. Aunque la anchoilla andaluza tiene su gracia chave usté.


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