Primero un requiem; luego Haendel. Los paríseos viandantes de la Avenue Stephen Pichon nº 1 oían cómo de las ventanas de Le Monde Diplomatique salian primero las notas lúgubres, luego el coro mezzosoprimo dirigido por el maestro Ignacio Ramonet. La partitura es el último sermón partituriento de San Ignacio. Primero escuchen el Réquiem: la socialdemocracia ha muerto. Reconozcan fúnebremente una melodía semejante a la de ese otro amadeus Arias Navarro notificano-do la muerte del pequeño Francisco de España. Escuchemos las tristes notas ramonianas. “Por sus propios abandonos, abjuraciones y renuncias, a la socialdemocracia europea le toca hoy verse arrastrada hacia el sepulcro…”. Dies Irae.
¿Por qué, por qué, padre, la socialdemocracia ha abandonado incluso a Le Monde Diplomatique? “porque, frente a tantas urgencias sociales, no ha sabido generar entusiasmo popular”. Ni panes ni peces. Dónde queda Lula, antaño ofrecido con cirios por los troyanos diplomatienses; dónde el subcomandante Marcos, aceptado a regañadientes por su desviación libertaria flagelatoria. Pero, tras el lagrimario, o Te Deum ideológico, se abren las nubes musicales: El Mesías. “Por eso quizá, y en contraste, está renaciendo hoy con tanta pujanza y tanta creatividad, un nuevo socialismo del siglo XXI en algunos países de América del Sur (Bolivia, Ecuador, Venezuela). Alumbramiento. Si la socialdemocracia está in sepultere en Europa, qué proponen Chavez, Morales, Correa, Zelaya. Misterio consagrado: socialdemocracia. He ahí el cuerpo del cristo. REdOrmido.




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